¿Quién era este hombre? ¿Cómo había llegado a la lista VIP? ¿Qué conexión tenía con el consejo directivo? Con dedos temblorosos continuó revisando la lista y entonces vio otro nombre que lo dejó sin aliento, Daniela Torres, también en la sección VIP, marcó furiosamente el número de su asistente.
¿Quién autorizó estas invitaciones? Gritó cuando ella respondió, Daniela Torres y Alonso Cárdenas, quien los puso en la lista VIP. fue fue directamente autorizado por el señor Villalba, respondió la asistente claramente asustada.
Dijo que era imprescindible su presencia. Mauricio colgó sintiendo que las paredes se cerraban a su alrededor. Carlos Villalba invitando personalmente a Daniela y Alonso. La auditoría encontrando discrepancias, los números que no coincidían.
Todo apuntaba a una sola conclusión devastadora. estaba siendo investigado. Salió de su oficina sin anunciarse, dirigiéndose directamente al departamento de recursos humanos. Necesitaba saber qué estaba pasando y Roberto era el único que podría tener esa información.
Pero al doblar una esquina, escuchó voces desde la sala de conferencias pequeña. Se detuvo al reconocerla de Carlos Villalba. Inconsistencias son demasiado graves para ignorarlas, decía Carlos. Los informes de Mauricio muestran patrones claros de manipulación.
¿Qué haremos con la promoción anunciada?, preguntó otra voz que Mauricio reconoció como la del director de recursos humanos. Habrá un anuncio en el evento, pero no será el que todos esperan, respondió Carlos con tono sombrío.
Mauricio ha jugado un juego muy peligroso. Es hora de que enfrente las consecuencias. Mauricio retrocedió su corazón latiendo salvajemente. Todo se derrumbaba. Su carrera, su relación con Renata, su futuro, todo.
Regresó a su oficina como un autómata, cerrando la puerta tras él. En su escritorio, la lista de invitados seguía abierta con los nombres de Daniela Torres y Alonso Cárdenas destacados como una acusación silenciosa.
Tres semanas. Solo quedaban tres semanas hasta el evento y la sensación creciente de que sería su juicio, no su coronación. El hotel imperial resplandecía aquella noche como una joya en el centro de Monterrey.
Su majestuoso salón principal, conocido como el salón de cristal, por sus enormes candelabros y paredes de espejos, había sido reservado exclusivamente para el evento anual del grupo Villalba. La élite empresarial de la ciudad circulaba entre copas de champañas de aperitivos exquisitos.
Hombres en trajes impecables y mujeres con vestidos elegantes conversaban en pequeños grupos, todos conscientes del juego de poder que se desarrollaba silenciosamente entre ellos. En un rincón del salón, Mauricio Gálvez intentaba proyectar la imagen de confianza que siempre lo había caracterizado, pero quien lo conociera bien notaría detalles reveladores.
La corbata ligeramente torcida, las manchas de sudor bajo las axilas de su traje caro, la forma en que sus ojos saltaban nerviosamente de un lado a otro. Estás bebiendo demasiado rápido”, le susurró Renata ajustándole la corbata con un gesto que parecía cariñoso, pero escondía irritación.
“Necesito que estés lúcido cuando anuncien tu promoción. ” Mauricio apuró su tercera copa de champañe, ignorando la advertencia. “Todo está bajo control”, respondió, aunque su voz tensa lo traicionaba. “Solo estoy celebrando anticipadamente.” Renata entrecerró los ojos, poco convencida.