Su asistente entró tímidamente, como quien se acerca a una bestia herida. “Señor Gálvez, la reunión con el equipo directivo comienza en 5 minutos.” Mauricio gruñó algo ininteligible mientras se ponía la corbata arrugada.
No había dormido bien en días. La paranoia lo mantenía despierto, imaginando conspiraciones donde Daniela y el misterioso Alonso trabajaban juntos para destruirlo. En la sala de reuniones, los ejecutivos ya estaban sentados revisando documentos.
Carlos Villalba presidía la mesa con su hija Renata a su derecha. Mauricio notó miradas furtivas, susurros que cesaban cuando se acercaba. Ah, Mauricio, justo a tiempo,” dijo Carlos con formalidad excesiva.
Estábamos por comenzar la revisión del informe trimestral. Mauricio tomó su lugar intentando proyectar confianza, pero sus manos temblaban ligeramente cuando abrió su carpeta. El director financiero comenzó la presentación. Cifras, proyecciones, comparativos.
Mauricio apenas escuchaba su mente dividida entre monitorear los rostros de sus colegas y repasar mentalmente los documentos que había alterado apresuradamente la semana anterior. Estas proyecciones de crecimiento, señaló Carlos de repente, interrumpiendo al director financiero, me parecen excesivamente optimistas.
¿En qué se basan? Todas las miradas se dirigieron a Mauricio, era su departamento, su informe, “En los nuevos mercados que estamos desarrollando”, respondió intentando mantener la voz firme. Los informes preliminares muestran gran potencial, especialmente en Colombia y Chile.
“Curioso,”, comentó Carlos ojeando unos documentos, “porque nuestros socios en esos países reportan números bastante diferentes. Un silencio pesado cayó sobre la sala. Mauricio sintió una gota de sudor frío deslizándose por su espalda.
Debe haber algún malentendido logró articular. Revisaré esos números personalmente. Carlos lo miró fijamente por un momento. Luego asintió. Por favor, hazlo. Necesitamos absoluta precisión para el informe que presentaremos en el evento anual.
No queremos sorpresas desagradables, ¿verdad? La amenaza velada era clara. Después de la reunión, Mauricio se encerró en su oficina revisando frenéticamente los documentos. Había alterado demasiados números, demasiado rápido. Algunos no coincidían entre sí, otros eran simplemente imposibles de justificar.
Su teléfono sonó. Era Renata. ¿Qué fue eso?, preguntó sin preámbulos. Mi padre está haciendo preguntas incómodas. Pensé que tenías todo bajo control. Lo tengo, mintió Mauricio. Solo necesito tiempo para reorganizar algunos informes.
No tenemos tiempo, cortó ella. El evento es en tres semanas. Tu promoción depende de esto, Mauricio, y mi relación contigo depende de esa promoción. La amenaza nuevamente, esta vez de su propia pareja.
Después de colgar, Mauricio se quedó mirando al vacío. Estaba atrapado en una red de su propia creación, con hilos tensándose desde todas direcciones. El intercomunicador sonó. “Señor Gálvez, ha llegado la lista final de invitados al evento anual para su aprobación.
Envíamela por correo”, respondió automáticamente. Minutos después revisaba la extensa lista sin mucho interés. nombres familiares de ejecutivos, socios, clientes importantes, hasta que sus ojos se detuvieron en un nombre que le heló la sangre, Alonso Cárdenas.
No solo estaba invitado, estaba en la lista VIP, la sección reservada para los invitados más importantes. Al lado de su nombre, una nota, invitado especial del Consejo Directivo. Mauricio sintió que la habitación giraba.