La dejó por otra, pero cuando la vio feliz con un hombre mayor, perdió el control.
La cambió por dinero, por estatus, por una mujer que brillaba más en fotos, pero no en el alma. Pensó que ella se quedaría llorando, pero un día la vio sonriendo del brazo de un hombre mayor.
Y lo que sintió no fue celos, fue miedo, porque hay hombres que solo entienden lo que perdieron cuando ya no pueden recuperarlo.
Lo que está a punto de pasar lo va a cambiar todo. 5 años de amor. 5 años compartiendo sueños, mañanas y noches. Daniela Torres miraba su reflejo en el espejo mientras aplicaba un toque final de labial rojo.
Sus ojos brillaban con ilusión. Esta noche estaba segura. Mauricio por fin le pediría matrimonio. Había señales claras. La reservación en el jardín de Oriente, el restaurante más exclusivo de Monterrey.
El misterio en su voz cuando la invitó y la fecha, exactamente 5 años desde su primera cita. El teléfono vibró sobre la cómoda. Un mensaje de Mauricio. Estoy abajo. Lista para nuestra noche especial.
Daniela sonrió. Tomó su pequeño bolso, dio una última mirada al espejo y salió del apartamento con el corazón latiendo fuerte. Mientras bajaba las escaleras, repasaba mentalmente los 5 años juntos, tres de ellos trabajando en la misma empresa de logística internacional.
Él como ejecutivo ascendiendo rápidamente, ella como su asistente administrativa, siempre esperando una promoción que él decía que todavía no era el momento. “Te ves hermosa,”, dijo Mauricio cuando ella subió al auto, pero Daniela notó algo extraño.
Sus ojos no la miraban directamente. Su sonrisa parecía ensayada. “Son nervios”, pensó ella. “Está nervioso por la propuesta. El trayecto fue silencioso. Mauricio tamborileaba los dedos sobre el volante, mirando fijamente la carretera.
Daniela miraba por la ventana, imaginando cómo sería el momento. Se arrodillaría, tendría un anillo escondido, habrían violinistas. El restaurante brillaba con luces cálidas. Un balet tomó las llaves del auto.
Mauricio puso su mano en la espalda de Daniela, guiándola hacia la entrada. El gesto que antes la hacía sentir protegida, ahora se sentía extrañamente formal. Reservación a nombre de Galves, dijo él al recepcionista.
Los llevaron a una mesa junto al ventanal con vista a la ciudad. Copas de champañaban brillando bajo la luz de las velas. Para celebrar, explicó el mesero con una sonrisa cómplice.
Todo está saliendo como lo imaginé, pensó Daniela mientras su corazón se aceleraba. Por nosotros, brindó Mauricio levantando su copa. Por estos 5 años Daniel anotó que no añadió y por muchos más, un detalle pequeño pero inquietante.
Durante la cena hablaron sobre temas superficiales. El nuevo proyecto en la empresa, el clima, nada personal, nada sobre planes futuros. La tensión crecía con cada minuto que pasaba. Entre el plato principal y el postre, Daniela decidió romper el hielo.