LA DEJÓ POR OTRA… PERO CUANDO LA VIO FELIZ CON UN HOMBRE MAYOR, PERDIÓ EL CONTROL…

En los últimos días había notado cambios inquietantes en Mauricio. Su confianza habitual reemplazada por paranoia, su ambición calculada, convertida en desesperación apenas disimulada. “Mi padre está por llegar”, comentó mirando hacia la entrada.

“Quiere hablar contigo antes del anuncio principal.” Mauricio asintió mecánicamente mientras sus ojos seguían escaneando la multitud. Buscaba dos rostros en particular, dos nombres que no había podido sacar de su mente desde que los vio en la lista VIP.

La música ambiental se detuvo brevemente, las puertas principales del salón se abrieron y entonces, como si el tiempo se ralentizara, ella entró. Daniela Torres. No era la Daniela que Mauricio recordaba, no era la asistente discreta ni la exnovia humillada.

Esta mujer caminaba con la seguridad de quien conoce su propio valor. Llevaba un vestido rojo que contrastaba con todos los tonos neutros del salón, llamando la atención sin esfuerzo. Su cabello, recogido en un moño elegante destacaba la línea de su cuello.

Su mirada clara y directa, no buscaba aprobación de nadie y a su lado, como si fuera lo más natural del mundo, caminaba Alonso Cárdenas, impecable en un traje oscuro, con esa elegancia silenciosa que solo otorgan los años y la absoluta certeza de pertenencia.

No actuaba como el acompañante de Daniela, sino como su igual, dos personas que no necesitaban demostrar nada a nadie. Mauricio sintió que el suelo se movía bajo sus pies. La copa de champañaló de sus dedos estrellándose contra el suelo de mármol.

El sonido del cristal rompiéndose atrajo miradas momentáneas, pero rápidamente la atención de todos volvió hacia la impresionante pareja que acababa de llegar. “Por Dios, Mauricio”, siseó Renata alejándose ligeramente para no asociarse con su torpeza.

Contrólate. Pero Mauricio apenas la escuchaba. Sus ojos estaban fijos en Daniela, buscando desesperadamente algún signo de inseguridad, alguna grieta en su armadura de dignidad. No encontró ninguna. Varios ejecutivos se acercaron a saludar a Alonso con una deferencia que Mauricio nunca había visto dirigida hacia nadie, excepto Carlos Villalba.

Incluso Roberto de recursos humanos se aproximó para estrechar su mano con respeto evidente. ¿Quién era este hombre realmente? Daniel anotó la mirada fija de Mauricio desde el otro lado del salón.

Sus ojos se encontraron por un instante. Ella no mostró sorpresa, ni miedo, ni siquiera reconocimiento. Lo miró como quien observa un objeto insignificante y luego deliberadamente desvió su atención hacia una conversación más interesante.

Esa indiferencia calculada fue como una bofetada para Mauricio. Peor que cualquier confrontación. Era la confirmación de que ya no tenía poder sobre ella. Tenemos que hablar”, dijo acercándose a Daniela mientras Alonso conversaba con un grupo de ejecutivos.

Ahora Daniela lo miró como quien observa a un niño maleducado. “No tenemos nada que hablar, Mauricio”, respondió con voz serena pero firme. “Todo lo que necesito decirte lo escucharás muy pronto junto con todos los demás.