LA DEJÓ POR OTRA… PERO CUANDO LA VIO FELIZ CON UN HOMBRE MAYOR, PERDIÓ EL CONTROL…

A veces necesitamos distancia para ver lo que siempre estuvo ahí”, reflexionó Alonso. La conversación fluyó con una facilidad sorprendente. Hablaron de finanzas, de literatura, de la ciudad. Daniela se encontró compartiendo detalles sobre su vida anterior en la corporación, sin mencionar nombres ni situaciones específicas.

Alonso escuchaba atentamente, ofreciendo observaciones precisas, pero nunca invasivas. El tiempo pasó sin que lo notaran. El cielo se tornó naranja, luego púrpura. Las luces de la avenida comenzaron a encenderse.

“Debería irme”, dijo finalmente Daniela, consciente de la hora. “Mañana entro temprano al café.” Alonso asintió pagando la cuenta discretamente. “Te acompañaré a la parada de autobús”, ofreció. Caminaban tranquilamente por la avenida cuando un chirrido de llantas quebró la armonía del atardecer.

Un auto deportivo negro se detuvo bruscamente junto a la acera. Daniela se tensó al reconocerlo instantáneamente. Mauricio bajó del vehículo con movimientos bruscos, cerrando la puerta con un golpe violento.

Su rostro estaba congestionado, sus ojos brillantes de furia o algo más. Parecía haber estado bebiendo. “Vaya, vaya”, exclamó con voz fuerte, atrayendo las miradas de los transeútes. La pequeña Daniela y su nuevo amigo.

Daniela se quedó inmóvil. Alonso permaneció a su lado, su expresión inescrutable. “Mauricio, este no es lugar ni momento”, dijo Daniela con voz controlada. “Por favor, sigue tu camino.” “¿Mi camino?” Mauricio rió amargamente, acercándose más.

¿Sabes quién está en mi camino? Tú. Tú y tu misterioso amigo. Dio otro paso hacia ellos. Algunas personas se habían detenido, observando la escena con curiosidad incómoda. “Tres auditores en mi oficina hoy”, continuó Mauricio, su voz elevándose.

Tres. Revisando cada maldito número que presenté en los últimos años. Coincidencia, no lo creo. Daniela mantuvo la calma, aunque su corazón latía aceleradamente. No tengo nada que ver con tu trabajo actual, Mauricio.

Me aseguré de eso cuando me obligaste a renunciar. El rostro de Mauricio se contorcionó. Ahora te vendes a viejos por dinero gritó señalando a Alonso. El silencio cayó sobre la acera.

Las personas alrededor contuvieron la respiración. Daniela palideció. No por vergüenza, sino por la pura rabia que sentía. No te permito. Comenzó, pero Mauricio ya estaba fuera de sí. Hace meses llorabas por mí y ahora esto continuó dando otro paso hacia ella.

Su mano se movió rápidamente intentando agarrar el brazo de Daniela. Ella retrocedió instintivamente, pero antes de que Mauricio pudiera tocarla, Alonso se interpuso con un movimiento fluido, sujetando el pulso de Mauricio.