La venganza no sería gritar ni amenazar. La venganza sería aprender, prepararse y esperar el momento perfecto. El curso nocturno de análisis financiero forense resultó ser exactamente lo que Daniela necesitaba.
Tres veces por semana, después de su turno en el café, absorbía conocimientos que iluminaban los patrones de fraude que había descubierto en los archivos de Mauricio. Era jueves, final de su segunda semana en el curso.
El profesor había dedicado la clase a técnicas para identificar falsificación de firmas digitales. Cada palabra había sido una confirmación de sus sospechas. La clave no es solo detectar el fraude, había dicho el profesor, sino documentarlo de manera que sea irrefutable en un tribunal.
Daniela salía de la universidad con la mente llena de ideas. El sol comenzaba a ponerse bañando la avenida principal con una luz dorada. Decidió caminar hasta la parada de autobús más lejana, disfrutando del aire fresco mientras organizaba sus pensamientos.
No esperaba encontrarse con Alonso en una pequeña cafetería a mitad de camino. Él estaba sentado en una mesa exterior leyendo un periódico impreso, algo casi anacrónico en estos días. Daniela saludó él bajando el periódico.
Qué coincidencia. Ella dudó un momento, pero algo en la tranquila presencia de Alonso la invitaba a acercarse. ¿Le importa si me uno a usted?, preguntó. En absoluto, respondió él señalando la silla frente a él.
Acabo de ordenar. ¿Quieres algo? Un té estaría bien, dijo ella, dejando su mochila junto a la silla. No sabía que frecuentaba este lugar. Hay muchas cosas que no sabes de mí, respondió Alonso con una sonrisa enigmática.
como que prefiero leer las noticias en papel o que me gusta caminar por esta avenida al atardecer o que tiene un interés particular en análisis financiero”, añadió Daniela recordando el libro que él leía en el café días atrás.
Alonso inclinó levemente la cabeza como reconociendo un buen punto. “La observación funciona en ambas direcciones”, comentó. “¿Cómo va tu curso?” Daniela lo miró sorprendida. ¿Cómo sabe que tu mochila?”, señaló él, “tiene el logo de la universidad y el libro que asoma es claramente de análisis forense financiero.
No es lectura común para una camarera.” Daniela sonríó. “Era refrescante hablar con alguien tan observador. Es fascinante”, admitió. “Estoy aprendiendo a ver patrones que antes no notaba, aunque estaban frente a mis ojos.