Y, por primera vez en mucho tiempo… sonrió de verdad.

—Haciéndolos intentar cosas que los médicos no probaban.

Luego miró el suelo.

—¿Puedo intentar algo?

Diego estaba a punto de negarse.

Pero Mateo habló primero.

—Papá… por favor.

Lucas se acercó más.

—Mateo, quiero que mires mis pies.

El niño se quitó las sandalias gastadas que llevaba colgando del cuello.

Movió los dedos lentamente.

—Haz lo mismo.

Mateo bajó la mirada hacia sus propios pies.

—No puedo…

—Solo piensa en hacerlo.

Mateo cerró los ojos.