—Mamá… —susurró—. Ese niño me está saludando.
Carmen se acercó a la ventana. Afuera, junto a la reja, estaba aquel pequeño descalzo. Los guardias ya caminaban hacia él.
—Te dije que te fueras —gruñó uno de ellos.
Pero el niño no parecía tener miedo.
—Solo quiero hablar con el niño de la silla —dijo señalando la ventana.
Los guardias se miraron entre sí.