—Lucas.
Lucas observó la silla de ruedas.
Luego se agachó frente a él.
—No estás roto —dijo con total naturalidad.
Carmen frunció el ceño.
—Los médicos dicen que su médula está dañada —intervino ella.
Lucas negó con la cabeza.
—No. Mi abuelo decía que el cuerpo a veces se olvida de cómo moverse.
Diego cruzó los brazos.
—¿Tu abuelo era médico?
—No.
—Era pastor.
El silencio cayó en la habitación.
Lucas continuó:
—Pero curó a mucha gente.
Carmen suspiró con paciencia.
—¿Y cómo?
El niño levantó la mirada hacia Mateo.