La decepción se instaló en el rostro de Antonio. Rafael volvió a la mesa derrotado.
—No te preocupes, papá. Al menos lo has visto en persona.
Antonio asintió, pero el brillo en sus ojos se había apagado.
Rafael sintió una determinación feroz crecer dentro de él. No habían llegado tan lejos para rendirse ahora.
Capítulo 6. El partido
Chase Stadium, Fort Lauderdale, 25 de abril, 19:30. Grada lateral, primera fila.
El estadio vibraba con la energía de 20,000 almas. Rafael había conseguido asientos adaptados para personas con movilidad reducida en primera fila. Antonio observaba todo con expresión maravillada.
—Nunca pensé que estaría aquí —dijo, con la voz entrecortada por la emoción.
El partido comenzó y Messi demostró por qué, incluso en esa etapa de su carrera, seguía siendo uno de los mejores jugadores del mundo. Un gol de tiro libre, 2 asistencias y una exhibición de talento puro que arrancó ovaciones incluso de los aficionados del equipo contrario.
Antonio no apartaba la mirada del campo, siguiendo cada movimiento de su ídolo. Por momentos, Rafael notaba que su padre se olvidaba de su enfermedad, transportado por la magia del fútbol.
Al finalizar el partido, mientras la gente comenzaba a abandonar el estadio, Rafael tomó una decisión impulsiva.
—Quédate aquí un momento —le dijo a su padre—. Voy a intentar algo.
Capítulo 7. La carta
Chase Stadium, Fort Lauderdale, 25 de abril, 22:10. Zona mixta.
Rafael logró acercarse a la zona donde los jugadores salían hacia los vestuarios. Un miembro del personal de seguridad le bloqueó el paso.
—Lo siento, esta zona es restringida.
Rafael sacó un sobre del bolsillo.
—Por favor, ¿podría entregarle esto a Lionel Messi? Es muy importante.
El guardia dudó. Pero algo en la intensidad de la mirada de Rafael lo convenció.
—No prometo nada —dijo, tomando el sobre.
Dentro había una carta escrita a mano y una fotografía antigua: Antonio en la Plaza de Mayo durante los festejos del Mundial de Qatar, sosteniendo un cartel que decía: “Gracias Messi por hacer realidad el sueño de mi vida”.
Rafael volvió junto a su padre sin muchas esperanzas. Habían disfrutado del partido. Quizás eso tendría que ser suficiente.
Parte 3. Milagros cotidianos