UN FAN VIAJA CON SU PADRE ENFERMO PARA ENCONTRAR A MESSI… Y LO IMPOSIBLE OCURRE ANTE SUS OJOS

Miami, Florida, 23 de abril, 16:15. Hotel en South Beach.

Miami los recibió con un calor húmedo y un sol resplandeciente. Desde la ventana de la habitación, el azul del Atlántico se extendía hasta fundirse con el cielo.

—Es hermoso —susurró Antonio, con los ojos fijos en el horizonte—. Gracias, hijo.

Rafael sonrió, pero su mente ya estaba en el siguiente paso. Las entradas para el partido estaban aseguradas, pero necesitaba más. Necesitaba un milagro.

—Descansa un poco. Voy a bajar al lobby para confirmar algunas cosas.

En recepción, Rafael abordó al conserje, un hombre de origen latinoamericano con expresión amable.

—Disculpe, mi padre es un gran admirador de Lionel Messi. Está muy enfermo y hemos venido desde Argentina para verlo jugar. ¿Sabe si hay alguna posibilidad, por remota que sea, de conocerlo en persona?

El conserje, Carlos, lo miró con una mezcla de compasión y resignación.

—Es casi imposible. Está rodeado de seguridad y compromisos.

Dudó un momento.

—Mi primo trabaja en un restaurante argentino donde los jugadores del Inter Miami a veces van después de los partidos. Podría intentar averiguar algo.

Un rayo de esperanza iluminó el rostro de Rafael.

Parte 2. Encuentros y desencuentros

Capítulo 4. La espera

Restaurante Pampa y Tango, 24 de abril, 20:30. Zona exclusiva de Coral Gables.

El restaurante era elegante, pero acogedor, con una decoración que evocaba las pampas argentinas. Rafael había conseguido una mesa gracias a la intervención de Carlos, aunque había tenido que gastar más de lo previsto.

Antonio estaba nervioso, arreglándose constantemente la camiseta albiceleste que llevaba bajo una camisa abierta.

—¿Y si no viene? —preguntó, con un tono que mezclaba ilusión y miedo.

—Entonces habremos disfrutado de una buena cena argentina —respondió Rafael, intentando mantener la calma—. Mañana lo veremos jugar. Eso ya es un regalo.

Las horas pasaban. Diferentes celebridades entraban y salían. Algunos jugadores del Inter Miami aparecieron, pero no Messi.

Antonio comenzaba a cansarse. Los efectos de la medicación se estaban disipando.

—Quizás deberíamos volver al hotel —sugirió Rafael, preocupado por el estado de su padre.

En ese momento se produjo un revuelo en la entrada. Un grupo de personas entró rodeando a una figura que Rafael reconoció inmediatamente.

Lionel Messi, acompañado por su familia y algunos amigos cercanos.

Capítulo 5. Tan cerca, tan lejos

Restaurante Pampa y Tango, 24 de abril, 22:15. Ambiente de expectación.

Messi fue conducido a una mesa privada, separada del resto por una discreta barrera de plantas. Rafael sintió cómo su corazón se aceleraba.

—Es él —murmuró Antonio, con los ojos brillantes—. Realmente es él.

Rafael intentó acercarse, pero un guardaespaldas lo detuvo con un gesto firme.

—Lo siento, el señor Messi está cenando en privado con su familia.