—Importante.
Ella sonrió.
Pero no con amabilidad.
—Ese fue tu segundo error.
Se acercó un poco más.
—El primero fue creer que podías hacer lo que quisieras sin consecuencias.
El oficial apretó los dientes.
—Esto no se va a quedar así.
—No —respondió ella—. No se va a quedar así. Va a empeorar.
—
Minutos después, lo subieron a una de las camionetas.
La patrulla quedó abandonada.
Como un símbolo.
De lo que había sido.
Y de lo que ya no era.
Tasha caminó de regreso hacia su coche.
Uno de sus agentes se acercó.