Tasha no se movió.

—Comandante, ya solicitamos grúa y asistencia.

—Bien.

—¿Desea presentar informe inmediato o espera al traslado?

Tasha miró sus llantas destrozadas.

—Inmediato.

El agente asintió.

—Sí, señora.

Se detuvo un segundo.

—Con todo respeto… ¿sabía usted que era él?

Tasha negó.

—No.

—Entonces… fue coincidencia.

Ella lo miró.

—No creo en coincidencias.

Miró la carretera.

—Creo en patrones.

Horas después, en la base.

Henderson estaba sentado en una sala de interrogatorio.

Sin uniforme.

Sin placa.

Sin poder.

Solo un hombre.

Asustado.

La puerta se abrió.

Tasha entró.

Carpeta en mano.

Se sentó frente a él.

—Vamos a empezar.

Él la miró.

—Esto es una trampa.

—No —respondió ella—. Es una investigación que llevaba meses en curso.