Tasha no se movió.

—Esto es un error…

—No —dijo Tasha—. Esto es consecuencia.

Las esposas hicieron clic.

Ese sonido seco.

Definitivo.

El mismo sonido que él había usado tantas veces contra otros.

Pero ahora…

Era para él.

—Tienes derecho a guardar silencio —comenzó uno de los agentes.

Henderson ni siquiera escuchaba.

Miraba a Tasha.

Como si intentara entender en qué momento había perdido.

—Tú… tú no parecías…

Tasha alzó una ceja.

—¿No parecía qué?

Él dudó.