—Los que acaban de arruinarte la vida.
Henderson se giró.
Y la vio.
Tasha.
Caminando hacia él.
Tranquila.
Impecable.
Como si el polvo, el calor y la humillación anterior no existieran.
Pero ahora… había algo más en ella.
Autoridad real.
No prestada.
No fingida.
Real.
El oficial parpadeó.
—¿Tú?
Ella se detuvo frente a él.
—Sí. Yo.
—¿Qué es esto? ¿Trajiste refuerzos? —intentó burlarse—. ¿Quién crees que eres?
Tasha inclinó ligeramente la cabeza.
—Esa es la pregunta equivocada.