Tasha no se movió.

Eso lo sintió de inmediato.

—¿Qué es esto? —murmuró, sintiendo un leve cosquilleo en el estómago.

Bajó de la patrulla.

—¡Eh! ¿Qué hacen aquí? Esta es jurisdicción local —gritó, intentando recuperar control.

Nadie respondió.

Uno de ellos levantó la mano.

Señaló.

Y en ese momento… Henderson lo entendió.

El señalamiento no era casual.

Era una orden.

Dos agentes se acercaron a él.

—Oficial Henderson —dijo uno, con voz fría—. Está usted detenido.

El mundo se inclinó ligeramente.

—¿Perdón? —rió nerviosamente—. ¿Detenido? ¿Por qué?

—Abuso de autoridad. Violación de derechos civiles. Daños a propiedad privada. Conducta racista agravada. Posible intento de agresión.

El oficial sintió cómo el sudor comenzaba a aparecer en su frente.

—Esto es ridículo. ¿Quién demonios creen que son?

Y entonces… una tercera voz habló.