Tasha no se movió.

No tenía prisa.

Sabía que nadie lo iba a cuestionar.

Nunca lo hacían.

Giró en una curva.

Y entonces…

Las vio.

Dos camionetas negras.

Sin insignias visibles.

Aparcadas atravesando la carretera.

El oficial frunció el ceño.

—¿Qué demonios…?

Redujo la velocidad.

Las puertas de las camionetas se abrieron al mismo tiempo.

Hombres y mujeres descendieron.

Uniformes tácticos.

Armas.

Postura militar.

No eran policías locales.