Tasha no se movió.

Cerró la carpeta.

—Y yo… no dejo cabos sueltos.

Días después, la noticia explotó.

Titulares.

Videos.

Investigaciones abiertas.

El nombre de Henderson estaba en todos lados.

Pero no como autoridad.

Sino como ejemplo.

De lo que pasa cuando el poder se usa mal.

Tasha observaba todo desde su oficina.

En silencio.

Sin celebración.

Uno de sus compañeros se acercó.

—Lo hiciste bien.

Ella no respondió de inmediato.

—No —dijo finalmente—. Solo hice lo que debía.

—No todos lo hacen.