Tasha no se movió.

Tasha miró por la ventana.

—Por eso estoy aquí.

Esa noche, volvió a conducir por la misma carretera.

El mismo lugar.

El mismo sol… ahora ocultándose.

Se detuvo.

Bajó del coche.

Miró el punto exacto donde todo había ocurrido.

Respiró hondo.

Y luego…

Sonrió.

No por victoria.

Sino por justicia.

—Ahora sí… —murmuró—. La carretera es para todos.

Se subió al coche.

Y esta vez…

Nadie la siguió.