Tasha no se movió.

Henderson apretó los puños.

—No pueden probar nada.

Tasha lo miró fijamente.

Luego sacó un pequeño dispositivo.

El mismo.

Presionó un botón.

La grabación comenzó.

—“Detén el auto, negra. Hoy no vas a ir a ningún lado…”

La voz del oficial llenó la sala.

Clara.

Innegable.

Su propio odio… convertido en evidencia.

Henderson cerró los ojos.

—Eso… no es suficiente…

—No —dijo Tasha—. Pero es el principio.

Se inclinó ligeramente hacia él.

—Y lo mejor… es que esta vez… no estás tratando con alguien que puedes intimidar.

Se levantó.

—Estás tratando conmigo.