Mi tía me quemó la cara con agua hirviendo. Y ahora soy yo quien le da de comer.

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EPISODIO 2: La niña que el mundo rechazó

A los nueve años, Rejoice entendió que la vida no era justa. El fuego le quitó el rostro, pero no el alma.

Vivió con su abuela, una mujer pobre pero de buen corazón. Le curaba las heridas con remedios de plantas y le cantaba por las noches.

—Vas a estar bien, hija —le decía—. Dios no abandona a los justos.

Pero Rejoice ya no confiaba.

En el pueblo la miraban con lástima… o con miedo. Los niños se alejaban. En la escuela murmuraban que su cara era un castigo.

Un día, escuchó a una mujer decir:

—¿Quién se va a casar con alguien así?

Rejoice apretó el balde… y siguió caminando sin llorar.

Su salvación fueron los libros.

Su abuela le dio textos viejos, y ella los devoró. Aprendió a escribir, a leer en voz alta, a soñar con otro mundo.

A los doce años regresó a la escuela. Al principio se burlaban… pero una niña llamada Zina se sentó junto a ella sin decir nada.

—¿Duele? —le preguntó un día.

—Cuando me miran como si fuera un monstruo.

Zina le apretó la mano.

—No eres un monstruo. Eres una guerrera.

A los dieciséis, Rejoice ganó una beca. Por primera vez salió del pueblo. En la ciudad… nadie conocía su historia.

Regresó con una medalla… y una oportunidad.

Pero ese mismo día… volvió Mónica.