acostarla, revisar que respirara bien durante la noche, dormir 3 horas, repetir. Mis manos desarrollaron callos. Mi espalda se volvió un nudo permanente de dolor. Mis ojos perdieron esa chispa que Celia tanto amaba. Me convertí en una sombra, en un fantasma que cuidaba a otro fantasma, pero nunca me rendí. Jamás. Graciela no podía hablar bien, pero sus ojos lo decían todo. A veces me miraba con algo parecido a la gratitud, otras veces con culpa. Había días en que lágrimas silenciosas rodaban por sus mejillas mientras yo le daba de comer.
Y yo sabía que estaba pensando en Celia, en lo injusto que era que yo estuviera ahí sacrificando mi vida por ella, en lugar de estar construyendo la familia que su hija y yo habíamos soñado. Pero nunca hablamos de eso. No podíamos. Las palabras se habían vuelto demasiado difíciles para ella. y para mí son demasiado dolorosas. Así que seguíamos adelante en silencio. Dos náufragos aferrados al mismo pedazo de madera flotante, esperando un rescate que nunca llegaría. En el décimo año algo cambió en Graciela.
se volvió más tranquila, más contemplativa. Pasaba horas mirando por la ventana, observando el jardín que ya no podía caminar, las flores que ya no podía tocar. A veces intentaba decirme algo, luchando con las palabras que se enredaban en su lengua paralizada. Yo me inclinaba cerca tratando de entender, pero la mayoría de las veces solo captaba fragmentos. Tú, bueno, ellas no asentía como si comprendiera, aunque no lo hacía. Le apretaba la mano, le decía que todo estaba bien, que mentiras piadosas que nos mantenían a ambos cuerdos.
Verónica apareció una vez durante esos 10 años, una sola vez. Llegó en un auto deportivo rojo brillante con lentes de sol que costaban más que tres meses de medicamentos para Graciela. entró a la casa como si estuviera visitando un museo de horror, tocando las cosas con las puntas de los dedos y arrugando la nariz ante el olor inevitable de la enfermedad y los desinfectantes. Dios mío, Horacio, esto es deprimente. ¿No puedes contratar a alguien para que haga esto?
Le expliqué que no tenía dinero para contratar enfermeras a tiempo completo. Le dije que los cuidados profesionales costaban entre 3,000 y $,000 al mes y que apenas me alcanzaba para pagar los medicamentos. Ella suspiró en silencio, sacó su billetera y dejó $200 sobre la mesa. Es todo lo que tengo en efectivo ahora. Usa esto para algo. $200. ni siquiera cubrían una semana de gastos. Se fue después de 20 minutos, alegando que tenía una cena importante. No volvió.