—Lupita… —dijo la enfermera con un suspiro que no era de sorpresa, sino de resignación—. Otra vez te escapaste.

Un poco más que antes.

Rodrigo se puso de pie de golpe y llamó a la enfermera.

—¡Vengan! ¡Ahora!

El equipo entró rápido.

Revisaron parámetros.

Salgado fue llamado de inmediato.

Observó las gráficas con el ceño fruncido.

—Esto… es extraño —murmuró.

—¿Qué significa? —preguntó Rodrigo con la voz temblando.

—Significa que su sistema inmunológico está reaccionando. No sabemos por qué. Pero algo cambió.

Durante las siguientes 24 horas, Nico no empeoró.

No mejoró de manera espectacular.

Pero tampoco descendió como estaba previsto.

El día siguiente, abrió los ojos por primera vez en una semana.

Rodrigo estaba allí.

—Papá… —susurró Nico, apenas audible.