Los dejaron en el desierto sin agua ni esperanza… pero al llegar a una vieja cabaña, los ancianos encontraron algo que nadie habría imaginado.

En otra más, la misma mujer aparecía sentada sola frente a esta cabaña.

La fecha era de ocho meses atrás.

Teresa comenzó a temblar de pies a cabeza.

—¿Qué hicieron nuestros hijos?

Eulalia apretó la mandíbula.

—Lo mismo que intentaron hacer con ustedes.

Arriba, un golpe seco retumbó sobre la trampilla.

Luis estaba moviendo cosas.

Buscando.

La voz de Mariana llegó más quebrada.

—No veo a nadie.

—Entonces están abajo —dijo Luis—. Esa vieja siempre los esconde primero.

Don Ricardo levantó la cabeza.

—¿Siempre?

Eulalia asintió.

Y por primera vez su voz se rompió.

—Mi hijo también me trajo aquí hace tres años.