Los dejaron en el desierto sin agua ni esperanza… pero al llegar a una vieja cabaña, los ancianos encontraron algo que nadie habría imaginado.

—¿Qué dice? —preguntó Teresa, casi sin voz.

Él tragó saliva antes de responder.

—Dice que vayamos al sótano… antes de que regresen.

Teresa palideció.

—¿Quiénes?

Don Ricardo no contestó.

Porque, en el fondo, ambos pensaron lo mismo.

Luis y Mariana.

El viejo levantó la vista y recorrió la cabaña otra vez.

Parecía humilde, pero no abandonada.

Todo estaba demasiado limpio.