En la portada había dos nombres.
Luis Fernández.
Mariana Fernández.
Las manos de Don Ricardo empezaron a temblar.
Abrió la carpeta.
Adentro había copias de documentos.
Firmas.
Fotografías tomadas a distancia.
Estados de cuenta.
Y una hoja con una lista de propiedades vendidas tras la muerte o desaparición de ancianos.
Teresa dejó escapar un sonido ahogado.
—No… no… eso no puede ser.
Eulalia la miró con piedad.
—Ojalá me equivocara.
Don Ricardo siguió pasando hojas.
En una foto aparecía Luis hablando con un hombre frente a una notaría.
En otra, Mariana ayudaba a bajar de un coche a una mujer anciana que no reconocía.