—¿Qué pasa? ¿Por qué gritas así?
Patricia no habló.
Solo levantó el teléfono.
Reprodujo el video.
Doña María se quedó helada.
—Yo… eso no es lo que parece…
—¡CÁLLATE! —gritó Patricia.
Su voz temblaba.
Pero no de miedo.
De furia.
—La vuelves a tocar… y no vuelves a ver la luz del día sin rejas.
El silencio fue absoluto.
Doña María retrocedió.
—No fue mi intención… ella es difícil… no duerme…