…la hacían dudar de todo.
—Sí… todo bien —respondió Patricia, sin apartar la mirada de ella.
Doña María sonrió, pero algo en su expresión no encajaba.
—Su abuela es muy torpe a veces —añadió—. Se golpea con los muebles.
Patricia no dijo nada.
Pero dentro de ella, algo ya no creía esa historia.
Esa noche, Patricia no pudo dormir.
Las imágenes de los moretones volvían una y otra vez.
Los ojos de su abuela.
El miedo.
Y la forma en que doña María había respondido… demasiado rápido.
Demasiado preparada.
Al día siguiente, tomó una decisión.