Fuerte.
Demasiado fuerte.
La sacudió.
—¡Te dije que te quedaras en la cama!
El sonido fue seco.
El golpe contra la madera.
Doña Rosa gimió.
Patricia dejó caer el teléfono.
—No… —susurró.
Pero no pudo dejar de mirar.
La escena continuaba.
Doña María empujó a Rosa de nuevo hacia la silla.
—Si Patricia se entera… me quedo sin trabajo —murmuró—. Así que compórtate.
El miedo en los ojos de Rosa era real.
Profundo.
Silencioso.
Y Patricia…
se rompió.
Lágrimas corriendo sin control.