Hora tras hora.
Hasta que llegó la noche.
2:13 a.m.
La casa estaba en silencio.
Las luces apagadas.
La cámara captó movimiento.
Doña Rosa estaba despierta.
Sentada en la mecedora.
Mirando al vacío.
Entonces…
alguien entró.
Doña María.
Pero no era la misma mujer amable de la tarde.
Su rostro estaba duro.