Allí, en la ventana del tercer piso, estaba Mauricio, observándola partir. En su rostro una sonrisa sutil de satisfacción, creyendo que había ganado, creyendo que la había reducido a nada. Daniela sostuvo su mirada por un instante.
Luego, sorprendiéndose incluso a sí misma, sonríó. Una sonrisa pequeña pero serena, la sonrisa de quien guarda un secreto. La expresión de Mauricio cambió sutilmente. La sonrisa vaciló. Algo en la calma de Daniela lo desconcertó.
Ella se giró y continuó caminando. Con cada paso sentía que algo nuevo crecía dentro de ella. No era dolor, no era rabia ciega, era propósito. ¿Y ahora qué harás? Preguntó Elena mientras subían al taxi.
Daniela miró la caja sobre sus piernas, la caja que contenía su pasado, pero también la memoria USB que podría determinar su futuro. Ahora dijo con voz tranquila, voy a revisar muy cuidadosamente estos números.
El pequeño apartamento de Daniela parecía diferente ahora, como si en apenas dos días hubiera cambiado de dimensión. O quizás era ella quien había cambiado. La caja descansaba sobre la mesa del comedor.
Su contenido ahora esparcido metódicamente. Fotos, agendas, la planta de escritorio que había sobrevivido tres mudanzas y lo más importante, la memoria USB con los archivos. Elena preparaba café mientras Daniela organizaba documentos en su computadora personal.
“¿Qué estamos buscando exactamente?”, preguntó Elena colocando una taza humeante junto a Daniela. “Inconsistencias”, respondió Daniela sin levantar la vista de la pantalla. Mauricio presentaba estos informes como propios, pero yo los preparaba y algo no coincide con lo que recuerdo.
Sus dedos se movían rápidamente sobre el teclado, comparando números, fechas, proyecciones. Después de una hora, encontró lo que buscaba. Aquí está, dijo señalando dos documentos abiertos lado a lado. Este es el informe original que preparé hace tr meses y este es el que Mauricio presentó a la junta directiva.
Elena se inclinó para mirar. Los números son diferentes, no solo diferentes, están inflados. Los resultados reales eran buenos, pero él los hizo parecer excepcionales. Daniela señaló más discrepancias. Y no es solo este informe, es un patrón.
El timbre interrumpió su explicación. Elena fue a abrir regresando con un sobre Manila. Un mensajero lo trajo. Es de la empresa. Daniela abrió el sobre. Dentro había documentos bancarios y una carta formal.
Su rostro se ensombreció mientras leía. ¿Qué es?, preguntó Elena. El último golpe de Mauricio”, respondió Daniela pasándole los papeles. “Al parecer soy aval de un préstamo personal que él solicitó hace 6 meses, 200,000 pesos que ahora el banco me reclama a mí porque él ha dejado de pagar.” Elena palideció.
Eso es fraude. No puedes ser responsable de algo que no firmaste. Daniela tomó los documentos de nuevo, examinando la firma. era su firma o una imitación perfecta. “El problema es que parece que sí lo firmé”, dijo mostrándole a Elena.
“Y aquí está el problema. Estos documentos tienen fecha de hace 6 meses cuando aún estábamos juntos. Legalmente será difícil probar que no estuve de acuerdo.” En vez de derrumbarse, Daniela se levantó y comenzó a caminar por la sala.
Su mente trabajaba a toda velocidad. Necesito un abogado”, dijo finalmente, “y necesito dinero para pagarlo.” Elena la miraba con preocupación. “Dani, ¿puedo prestarte algo, pero no tengo mucho, gracias?” “Pero esto debo resolverlo yo.