Daniela levantó una ceja. Reportes bajo revisión. Esos eran los informes que ella había preparado para Mauricio, los que él presentaba como propios. ¿Qué tipo de revisión? preguntó su mente trabajando rápidamente.
No estoy autorizado a darte detalles. Roberto parecía cada vez más nervioso. Firma, Daniela, es lo mejor para todos. Ella tomó el bolígrafo, lo giró entre sus dedos mientras pensaba. No era el momento de luchar, era el momento de ser estratégica.
Necesitaré recoger mis cosas, dijo mientras firmaba, y transferir algunos archivos personales de mi computadora. Por supuesto, tienes hasta el mediodía. Te acompañará a seguridad. Seguridad como si fuera una criminal.
La humillación era calculada. De vuelta en su escritorio, con un guardia parado discretamente a unos metros, Daniela comenzó a vaciar sus cajones, fotos, libretas, pequeños recuerdos de 5 años en la empresa.
Todo iba a una caja de cartón, pero sus manos trabajaban en automático mientras su mente procesaba la información. Reportes bajo revisión, conflicto de interés. Había algo ahí, algo importante. Encendió su computadora por última vez.
El guardia la observaba, pero no podía ver exactamente qué archivos habría. Con movimientos eficientes, comenzó a transferir documentos a su memoria USB. No todos, solo los que importaban. Informes financieros del último año, reportes de gastos de Mauricio, correos electrónicos sobre proyecciones alteradas.
Revisó rápidamente un informe particular. Las cifras no coincidían con las que recordaba haber preparado originalmente. Alguien había modificado los números, alguien había inflado los resultados. Interesante, pensó mientras guardaba ese archivo específico.
Del otro lado de la oficina sintió una mirada. Levantó la vista. Renata Villalba la observaba con una mezcla de curiosidad y desdén desde la sala de juntas. A su lado, el padre de Renata, el famoso inversionista Carlos Villalba, hablaba animadamente con el director general.
Daniela sostuvo la mirada de Renata sin parpadear. No agachó la cabeza, no mostró dolor, solo determinación fría. Fue Renata quien finalmente desvió los ojos, visiblemente desconcertada. El guardia se aclaró la garganta.
Señorita Torres, quedan 10 minutos. Daniela asintió, extrajo la memoria USB y la guardó en su bolso. Terminó de empacar sus pertenencias en la caja. No era mucho, 5 años reducidos a una caja de cartón.
Elena la esperaba en la recepción, lista para acompañarla. Había insistido en venir cuando Daniela le envió un mensaje explicando la situación. No puedo creer que te hagan esto”, susurró Elena indignada mientras tomaba parte del peso de la caja.
“¿Es tan injusto?” “No es injusto”, respondió Daniela con calma sorprendente. Es revelador. Caminaron hacia la salida principal. Daniela se negó a usar la puerta de servicio como le habían sugerido discretamente.
Atravesaría el lobby con la cabeza alta, no se escondería. Mientras cruzaban las puertas giratorias, Daniela sintió un cosquilleo en la nuca. La sensación de ser observada giró ligeramente la cabeza hacia el edificio.