Dentro del apartamento abrió el sobre. Era efectivamente una invitación formal al evento anual de la empresa, elegante, dorada, con su nombre impreso. Un evento donde estarían todos. Mauricio, Renata, Carlos Villalba, los directivos.
Un evento donde se anunciarían cambios importantes en la estructura ejecutiva. Daniela colocó la invitación junto a sus documentos. Seis semanas. Tenía seis semanas para prepararse. Para entonces necesitaría tener todas las piezas en su lugar.
La difamación era como un veneno de acción lenta. Daniela lo sentía infiltrándose en aspectos de su vida que jamás habría imaginado. Primero fue la llamada de la universidad donde tomaba el curso de análisis financiero forense.
“Señorita Torres, necesitamos hablar sobre su permanencia en el programa”, dijo la coordinadora con voz tensa. “Hemos recibido inquietudes sobre su historial profesional.” Inquietudes. Daniela apretó el teléfono. ¿De quién? Eso es confidencial, pero alguien ha sugerido que usted podría tener antecedentes de manipulación financiera.
Dado que este curso forma a profesionales en detección de fraude. La ironía era casi dolorosa. Daniela respiró profundo. “Esas acusaciones son falsas”, respondió con firmeza. Son parte de una campaña de difamación por parte de mi exjefe, quien teme que yo revele sus propias irregularidades.
El silencio al otro lado de la línea fue revelador. La coordinadora estaba escuchando. ¿Tiene alguna prueba de lo que dice?, preguntó finalmente. La tendré, afirmó Daniela. Y agradecería que grabara esta conversación.
Puede ser importante después. La segunda señal llegó esa misma tarde cuando intentó abrir una cuenta bancaria en una entidad diferente para separar sus finanzas del banco que estaba presionándola por la deuda fraudulenta.