“Todos los departamentos serán auditados. Todos los informes de los últimos 3 años serán examinados. El estómago de Mauricio se contrajo 3 años, exactamente el periodo en que había comenzado a manipular los números.
¿Puedo preguntar a qué se debe esta decisión?” Logró articular manteniendo una fachada de calma. Es una práctica estándar de gobernanza corporativa, respondió Carlos Villalba con voz neutra, especialmente considerando nuestros planes de expansión internacional.
Pero había algo más. Mauricio podía sentirlo. ¿Cuándo comienza?, preguntó. Ya comenzó, respondió el director general. Esta mañana un equipo de auditores externos ha sido contratado. Necesitarán acceso a todos tus informes, Mauricio, especialmente los del desarrollo de mercados latinoamericanos.
Precisamente los informes que había alterado más agresivamente. Por supuesto, asintió sintiendo un sudor frío formándose en su frente. Total transparencia, como siempre. La reunión continuó, pero Mauricio apenas escuchaba. Su mente corría calculando riesgos, identificando vulnerabilidades, buscando soluciones.
Necesitaba tiempo, necesitaba acceso a los archivos originales para cubrirse las espaldas, archivos que ya no tenía porque estaban en la computadora de Daniela. Daniela, quien había sido despedida por su influencia.
Daniela, quien ahora hablaba con un misterioso hombre en un café. Coincidencia. ya no creía en coincidencias. Cuando la reunión terminó, Mauricio se dirigió directamente a su oficina, ignorando a Renata, que lo esperaba con expresión interrogante.
“Necesito hacer algunas llamadas”, dijo sec. “Te veré esta noche. ” Apenas cerró la puerta, sacó su teléfono y llamó a un número que raramente usaba. “Necesito información sobre alguien”, dijo sin saludar cuando contestaron.
Alonso Cárdenas. No tengo mucho, pero frecuenta el café Luminar en el centro histórico. Necesito saber quién es, cuánto cobras. La voz al otro lado nombró una cantidad. Mauricio ni pestañeó.
Hecho. Lo quiero para mañana. Mientras tanto, en el otro lado de la ciudad, Daniela salía del café después de terminar su turno. Por primera vez en días sentía una extraña ligereza.
El encuentro con Mauricio y Renata, en vez de hundirla, le había mostrado su propia fuerza. Su teléfono vibró. Un mensaje de Elena. ¿Cómo fue tu día? Interesante, respondió Daniela. Te cuento luego.
Voy a una entrevista. No era una entrevista de trabajo, era para un curso nocturno de análisis financiero forense en la universidad local. Un curso que nunca hubiera considerado antes, pero que ahora parecía exactamente lo que necesitaba.
Mientras esperaba el autobús, otro mensaje llegó, esta vez del banco, recordándole la deuda. La realidad seguía ahí, pesada sobre sus hombros, pero ya no la paralizaba. En su bolso llevaba los documentos que probaban que estaba fuera de la ciudad el día que supuestamente firmó como aval del préstamo.
Era un comienzo, una pequeña pieza en un rompecabezas más grande que comenzaba a visualizar. El autobús llegó. Daniela subió pensando en las palabras de Alonso esa tarde después de que Mauricio y Renata se fueran.
A veces la mejor venganza no es planearla, sino prepararla. no es un acto, sino un proceso. No entendía completamente lo que significaba entonces. Pero ahora, mientras se dirigía a la universidad para inscribirse en un curso que la ayudaría a descifrar el fraude de Mauricio, comenzaba a comprenderlo.