—Podría lastimarse.
Elena lo miró con una mezcla de respeto y firmeza.
—Y también podría aprender.
El silencio llenó la cocina.
Pedrito, ajeno al drama, golpeó el suelo con las manos y lanzó otro sonido alegre.
Roberto lo miró. Miró el esfuerzo en sus brazos. El sudor pequeño en su frente. El brillo en sus ojos.
No era dolor.
Era concentración.
—He estado haciendo ejercicios con él —continuó Elena—. Terapia básica. Movimientos simples. Estimulación. La agencia no se lo dijo porque usted pidió solo cuidados básicos… pero yo estudié fisioterapia un año antes de dejar la universidad.
Roberto parpadeó.
—¿Por qué la dejó?
Elena bajó la mirada apenas un segundo.
—Mi madre enfermó. No hubo dinero para seguir.
No había victimismo en su tono. Solo hechos.