FINGIÓ IRSE DE VIAJE… Y LO QUE ESCUCHÓ EN SU PROPIA COCINA LE HELÓ LA SANGRE.

Estaba recostado boca abajo, apoyando los antebrazos, moviendo el torso con un esfuerzo visible. Frente a él, Elena agitaba una cuchara de madera como si fuera un micrófono.

—¡Eso, campeón! ¡Otra vez! ¡Empuja fuerte!

Y Pedrito… reía.

Reía con la boca abierta, dejando escapar sonidos que no eran llanto ni queja. Eran carcajadas desordenadas, felices.

Roberto se quedó congelado.

—¿Qué está pasando aquí? —su voz sonó más grave de lo que esperaba.

Elena se giró sobresaltada. Su sonrisa desapareció por un instante.

—Señor… usted… ¿no estaba de viaje?

Pero no había culpa en sus ojos. Solo sorpresa.