Ella Comía Sobras a Escondidas… Sin Saber Que El Dueño La Estaba Observando…

Un momento, por favor. Se giró sobresaltada. Era el hombre de la barba cuidada que había visto un par de veces, siempre acompañado de Sergio. Esa noche estaba solo, apoyado en la barandilla de la escalera. Perdón, ya iba de salida”, dijo ella. “¿Necesita algo?” El hombre la miró en silencio durante unos segundos, como si estuviera midiendo cada gesto. “¿Te llamas Lucía, verdad?” Ella asintió extrañada. “Sí, he visto lo que ha pasado con la comida”, añadió él despacio. “Y necesito que me digas la verdad.

¿Lo haces a menudo?” Lucía sintió un nudo en la garganta. No sabía si aquello era una trampa más o una oportunidad. Por primera vez en mucho tiempo, alguien le estaba preguntando por qué y no solo gritándole por lo que había hecho. Pero lo que ese hombre aún no le decía era quién era realmente y por qué lo que acababa de ver removía un recuerdo que él llevaba años intentando enterrar. Lucía dudó unos segundos antes de responder. No lo hago siempre, dijo finalmente.

Solo cuando cuando en casa no hay nada. El hombre sintió sin juicio en los ojos. Tienes familia a tu cargo? Mi hermano pequeño y mi madre, respondió bajando la mirada. Ella tiene problemas en la espalda y ya no puede trabajar como antes. Yo hago lo que puedo. Marco sintió un golpe de memoria que no esperaba. Su madre hace años fregando escaleras en un portal de lavapiés mientras él la esperaba sentado en los peldaños. Recordó noches enteras comiendo bocadillos de pan duro y tomate.