Ella acudió al hospital para dar a luz, pero el médico rompió a llorar al ver al bebé

Violentos.

Metódicos.

El bebé lloraba.

Clara también.

Ricardo agarró el teléfono interno con manos temblorosas y pidió seguridad, policía, lo que fuera, pero al otro lado solo se oía confusión, gritos, órdenes cruzadas.

—¡Abra, papá! —gritó Emilio desde afuera, y su voz ya no tenía nada de arrepentimiento—. ¡Abra o entro yo!

Papá.

La palabra atravesó a Ricardo como un cuchillo.

—Usted dijo que era noble… —sollozó Clara.

Ricardo no dejó de mirar la puerta.

—Yo enterré al hijo equivocado en mi memoria. El bueno era Tomás.

Otro golpe.

La madera crujió.

—¡Ese niño es mío! —rugió Emilio—. ¡No vas a quitármelo como me quitaste todo lo demás!

Ricardo abrió un cajón del mueble clínico y sacó una llave.

Se volvió hacia la enfermera mayor.

—Hay una salida de servicio al final del cuarto de neonatología. Lléveselas.

La mujer palideció.

—¿Y usted?

—Yo lo detengo.

Clara negó con desesperación.