El Último Deseo de un Niño Enfermo era ir a un Concierto de Juan Gabriel — Hasta que…

Eres muy especial, Rosa Morales. Nunca lo olvides. Rosa lo abrazó con la poca fuerza que tenía. Gracias por venir. Este fue el mejor día de mi vida. Juan Gabriel tuvo que salir rápidamente de la habitación porque no quería que Rosa lo viera llorar. En el pasillo se apoyó contra la pared y se cubrió el rostro con las manos. enfermera Luisa se acercó y puso su mano en su hombro. “Lo que hizo hoy, señor, cambiará la vida de esa familia para siempre”, le dijo.

Juan Gabriel asintió sin poder hablar. Caminó por los pasillos del hospital en silencio y cuando llegó a su auto, se quedó sentado durante varios minutos antes de poder manejar. Lo que había experimentado en esa habitación lo había cambiado también a él de formas que todavía no entendía completamente. Rosa Morales falleció tres semanas después de la visita de Juan Gabriel. Enfermera Luisa llamó al asistente de Juan Gabriel para informarle y María y Roberto le enviaron una carta agradeciéndole por haber hecho realidad el último deseo de su hija.

Rosa pasó sus últimos días hablando de esa tarde, escribieron los padres. Escuchaba las canciones que usted le cantó y tocaba el cuaderno firmado como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Murió en paz, señor. Murió feliz. Cuando Juan Gabriel recibió la carta, se encerró en su casa ese día. Había conocido a Rosa solo por dos horas, pero la valentía de esa niña lo había marcado profundamente. Pensaba en su carita pálida, en su cabeza sin cabello por la quimioterapia, en cómo había sonreído a pesar del dolor insoportable que debía estar sintiendo.