El Último Deseo de un Niño Enfermo era ir a un Concierto de Juan Gabriel — Hasta que…

Pensaba en cómo había cantado con él con voz débil, pero llena de vida. Esa noche escribió algo en su diario personal. Hoy aprendí que el verdadero significado de mi música no está en los estadios llenos, sino en el corazón de una niña de 9 años que me enseñó más sobrevivir en dos horas de lo que aprendí en 45 años. Juan Gabriel envió un arreglo floral enorme al funeral de rosa con una nota que decía, “Para la princesa cantante, tu voz sigue sonando en mi corazón.” María y Roberto Morales guardaron el cuaderno firmado como su posesión más preciada junto con el cassete que Rosa había escuchado tantas veces.

En los días siguientes al funeral, María escuchó ese cacete y lloró pensando en cómo Juan Gabriel había tomado tiempo de su vida ocupada para sentarse junto a la cama de su hija y cantarle. No había pedido nada a cambio, no había traído cámaras, no había buscado reconocimiento, simplemente había venido porque una niña lo necesitaba. Esa bondad sin condiciones era algo que la familia nunca olvidaría. Después de conocer a Rosa, algo cambió profundamente en Juan Gabriel. comenzó a apoyar hospitales infantiles de formas que iba más allá de las visitas ocasionales.

Donaba equipos médicos, financiaba tratamientos para niños sin recursos, enviaba juguetes y regalos en Navidad. Su asistente coordinaba con diferentes hospitales en la Ciudad de México y otras ciudades para identificar casos donde pudiera ayudar. A veces visitaba personalmente cuando su agenda lo permitía. Otras veces enviaba apoyo económico para familias que no podían pagar los tratamientos de sus hijos. Durante los siguientes años ayudó a decenas de familias que enfrentaban enfermedades graves. Rosa había despertado en él una conciencia sobre cuántas familias sufrían en silencio, sin recursos para enfrentar la enfermedad.