El Último Deseo de un Niño Enfermo era ir a un Concierto de Juan Gabriel — Hasta que…

Los padres de Rosa, enfermera Luisa, y dos enfermeras más que se habían asomado a la puerta observaban en silencio absoluto. Juan Gabriel comenzó a tocar los primeros acordes de querida y cuando empezó a cantar la habitación 307 del Hospital Infantil de México, se transformó en algo mágico. Linanon. La voz de Juan Gabriel llenó la pequeña habitación del hospital con una calidez que parecía imposible en un lugar tan frío y clínico. Cantaba querida, mirando directamente a los ojos de Rosa, mientras sus dedos se movían con precisión sobre las cuerdas de la guitarra.

Rosa tenía las lágrimas corriendo por sus mejillas, pero no apartaba la mirada de Juan Gabriel, ni por un segundo como si tuviera miedo de que si parpadeaba, él desaparecería y todo resultaría ser un sueño. María, la madre de Rosa, se abrazaba a su esposo Roberto mientras ambos lloraban en silencio tratando de no hacer ruido para no interrumpir el momento. Enfermera Luisa había salido al pasillo porque no podía contener el llanto y no quería que Rosa la viera así.

Cuando Juan Gabriel terminó la primera canción, Rosa logró susurrar con voz débil. Gracias. Juan Gabriel sonrió y le apretó la mano suavemente. ¿Cuál es tu canción favorita, princesa? Rosa no tuvo que pensar la respuesta. Amor eterno. Juan Gabriel asintió con expresión que mostraba que entendía el peso de esa elección. Amor eterno era una canción sobre pérdida y despedida escrita para la madre de Juan Gabriel cuando ella murió. Era una de las canciones más emotivas que había compuesto y cantarla siempre era difícil incluso para él.

Pero si Rosa quería escuchar esa canción, entonces la iba a cantar con todo su corazón. Comenzó a tocar los acordes introductorios y la habitación pareció llenarse de algo más allá de música. Era como si el tiempo se detuviera. Cuando llegó al primer verso, su voz cargada de emoción genuina hizo que cada palabra resonara con significado profundo. Rosa cerró los ojos escuchando cada nota, cada palabra, como si estuviera grabándolas en su memoria para siempre. María tuvo que salir de la habitación porque no podía soportar ver a su hija escuchando una canción sobre muerte, sabiendo que probablemente estaban viviendo uno de sus últimos momentos felices.