EL PADRE LA DEJÓ con ÁRBOLES SECOS… AÑOS DESPUÉS HERMANOS IMPLORARON que les ENSEÑARA…

¿Qué cosa? Agua, respondió ella, un pozo antiguo con abundante agua. Justo lo que necesitarás dentro de poco, cuando la sequía empeore. El rostro de Javier palideció. ¿Cómo sabes lo de la sequía? Leo los informes meteorológicos en la biblioteca. Este verano será el más seco en décadas. Mientras se alejaba, Elena sintió una extraña sensación de poder. No era venganza lo que buscaba, sino justicia. Y por primera vez entendió que tenía algo valioso entre manos. Esa noche, mientras revisaba sus cuentas en la pequeña mesa de la cocina, Elena tomó una decisión audaz.

Gastaría la mitad de sus ahorros en comprar material para mejorar el sistema de riego y en adquirir nuevas herramientas. Era un riesgo enorme, pero su instinto le decía que era el momento de apostar fuerte. Al día siguiente visitó la ferretería del pueblo y compró tubería, una pequeña bomba de agua de segunda mano y diversas herramientas. El dueño, don Manuel, la miró con curiosidad. Todo esto es para el huerto del Alto. Sí, respondió ella sin vacilar. Mi padre solía decir que esa tierra solo servía para cabras, comentó el hombre.

mientras preparaba la cuenta. “Su padre nunca descubrió el pozo”, replicó Elena con una sonrisa. Don Manuel la miró con nuevo interés. “¿Has encontrado agua ahí arriba? Suficiente para convertir esos palos secos en un vergel.” El hombre asintió pensativo. Te haré un descuento en las tuberías y si necesitas ayuda para instalar la bomba, mi hijo Martín podría echarte una mano. Estudió ingeniería agrónoma en Madrid, aunque ahora trabaja conmigo. Así fue como Martín Herrera entró en la vida de Elena, un joven de 30 años que había regresado al pueblo para ayudar en el negocio familiar tras la crisis económica.

La tarde siguiente apareció en el terreno con su caja de herramientas y una sonrisa amable. “Mi padre me ha contado tu proyecto”, dijo a modo de saludo. “Admiro tu valentía.” Elena sintió que se sonrojaba ligeramente. “No es valentía, es terquedad. A veces son lo mismo, respondió él observando el trabajo ya realizado. Impresionante lo que has logrado en tan poco tiempo. Con la ayuda de Martín, el sistema de riego quedó instalado en una semana. Una pequeña bomba solar extraía agua del pozo y la distribuía a través de tuberías hasta cada árbol.