Elena absorbía conocimientos como una esponja, estudiando por las noches en libros que Martín y Lucía, la bibliotecaria, le proporcionaban. A mediados de agosto, la pequeña manzana había crecido hasta alcanzar un tamaño respetable. No era perfecta según los estándares comerciales. Tenía algunas manchas y una forma ligeramente irregular, pero para Elena era la cosa más hermosa que había visto jamás. “Pronto estará lista para ser cosechada,”, anunció don Sebastián con orgullo paternal. “Será la primera de muchas.” Efectivamente, otros árboles habían comenzado a dar frutos, aunque ninguno tan desarrollado como aquella primera manzana.
Los injertos estaban funcionando y las variedades antiguas demostraban su resistencia y adaptabilidad. Sin embargo, no todo eran buenas noticias. La sequía se intensificaba y con ella los problemas para los agricultores de la zona. Una tarde, Elena se encontró con Javier en la tienda del pueblo. Su hermano parecía agotado y preocupado. “¿Cómo va el olivar?”, preguntó ella intentando ser cordial. Javier la miró con resentimiento. Se está secando. Respondió secamente, como todo en esta comarca. Lo siento dijo ella sinceramente.
Lo sientes. Javier soltó una risa amarga. Tú eres la única que no tiene problemas de agua, ¿verdad? Con ese pozo milagroso que encontraste. Elena se mantuvo serena. El pozo siempre estuvo ahí. Solo había que buscarlo. Muy poético, escupió Javier. Mientras tú juegas a ser agricultora con tus arbolitos, familias de verdad están perdiendo su sustento. Las palabras dolieron, pero Elena no se dejó provocar. Si necesitas agua para salvar parte de tu olivar, podemos hablar. Ofreció. No quiero ver a nadie arruinado, ni siquiera a ti.
Javier la miró sorprendido, como si no pudiera creer lo que escuchaba. No necesito tu caridad, respondió finalmente, dando media vuelta. Esa noche Elena no pudo dormir. Las palabras de Javier resonaban en su mente. Era egoísta de su parte disfrutar del agua mientras otros sufrían. Por otro lado, ¿no había sido ella la que trabajó duramente para descubrir y restaurar el pozo que su padre había abandonado. La mañana siguiente, mientras regaba las nuevas plántulas, escuchó un ruido extraño proveniente del pozo.