El Multimillonario finge dormir para probar a la sirvienta y se queda paralizado cuando ella…

Fue la señora Herrera quien informó después que el señor Cárdenas quería hablar con Elena. Ella entró al estudio con la espalda recta. Rodrigo estaba junto al ventanal.

—Quería agradecerle en persona —dijo él—. No solo por su trabajo. También por las notas… y por la manta.

Elena bajó la mirada un segundo.

—No sabía que estaba despierto.

—Justamente por eso valió más.

Hablaron de enfermería. De Carmen. De por qué Elena había dejado la carrera. De por qué pensaba retomarla.

—Hay una fundación que llevo meses pensando —dijo Rodrigo—. Becas para personas que dejaron sus estudios por responsabilidades familiares. Quisiera saber si tiene sentido.

Elena lo miró, sorprendida.

—Lo tiene. Muchísimo.

—Entonces será real.

Poco después, Rodrigo pidió conocer a Carmen. La visita del sábado cambió algo más. La anciana tomó café en el jardín de invierno, miró la casa como si no la impresionara en absoluto y, después de veinte minutos, le dijo a Rodrigo lo que nadie se habría atrevido a decirle.

—Usted no está perdido. Está roto. Son cosas distintas. Lo roto puede repararse, si deja de fingir que ya se acabó.

Rodrigo se quedó callado, pero la verdad encontró dónde quedarse.

El problema llegó en diciembre con Isabel Montemayor, socia minoritaria del grupo, elegante, brillante y peligrosamente ambiciosa. Había intentado comprar acciones de control durante más de un año. Rodrigo siempre se había negado. Cuando vio que Elena ocupaba un lugar emocional que no podía comprar ni controlar, decidió atacarla.

Primero intentó humillarla, asignándola como personal de servicio durante la gala anual del grupo. Elena aceptó con dignidad, siguiendo el consejo de Carmen: “La dignidad no se pierde por cargar una bandeja, sino cuando uno deja de respetar su propio trabajo”.

Esa noche, Isabel lanzó una insinuación venenosa frente a varios inversionistas.

—Pensé que la nueva incorporación importante de tu vida era del área financiera, no tu empleada doméstica.

Rodrigo no sonrió.