El joven millonario visitó la humilde casa de su empleado… y lo que vio le hizo llorar.

—Quiero pedirle perdón.

Ella frunció el ceño.

—No tiene por qué.

—Sí tengo. Durante tres años usted ha trabajado en mi casa y yo nunca me tomé el tiempo de conocerla. Nunca vi su esfuerzo. Nunca vi su vida.

Lupita guardó silencio.

—Mañana —continuó él— quiero que vaya a mi oficina. No para regañarla. No para despedirla. Para arreglar cosas que debí arreglar hace mucho.

Mateo abrió mucho los ojos.

—¿Cosas buenas?

Santiago lo miró.

—Muy buenas.

Al día siguiente, Lupita llegó temblando a la oficina principal del corporativo Villaseñor. Imaginaba cualquier cosa menos lo que ocurrió.

Santiago no solo aumentó su sueldo. También le dio seguro médico privado para ella y para Mateo, un horario más justo, transporte pagado, apoyo escolar para el niño y un fondo especial para vivienda. Además, creó un programa en todas sus empresas para que ningún trabajador de limpieza, cocina o mantenimiento volviera a estar sin cobertura médica ni salario digno.

Pero eso no fue todo.