El joven millonario visitó la humilde casa de su empleado… y lo que vio le hizo llorar.

—Porque… —la voz se le quebró— porque tengo muchas cosas, pero me falta lo más importante.

Mateo esperó.

—¿Qué le falta?

Santiago tragó saliva.

—Me falta alguien con quien compartir la vida.

Lupita lo miró con una ternura silenciosa que lo desarmó todavía más.

Mateo pensó un momento y dijo:

—Mi mamá dice que a veces no falta dinero. A veces falta compañía.

Santiago soltó una carcajada breve entre lágrimas.

—Tu mamá es muy sabia.

El niño sonrió.

—Yo también.

Eso hizo que los tres se rieran un poco, y en esa risa pequeña, humilde, algo cambió.

Santiago levantó la mirada hacia Lupita.