El día en que su padre los abandonó tras el entierro de su madre, nadie sospechaba que años después regresaría… y que sería él quien no podría soportar la verdad.

La carpeta.

La esposa.

La falsa corrección.

La urgencia.

Laura sintió una punzada de asco.

Catalina entrecerró los ojos.

—Sigue.

Rodrigo tragó saliva.

—El testamento establece ciertas condiciones para liberar una parte del patrimonio.

—¿Qué condiciones?

Él no respondió enseguida.

Y entonces Verónica, incapaz de soportar el silencio, habló antes que él.

—Que regularice su situación familiar.

Catalina soltó una carcajada sin humor.

—Ah.

Laura miró a Rodrigo sin pestañear.

—Volviste por dinero.

—No es tan simple.

—Sí. Sí lo es.

—No entiendes cómo funcionan estas cosas.

—Entiendo perfectamente —dijo Laura—. Te largaste cuando éramos una carga. Y volviste cuando te hicimos falta para cobrar.

Daniel ya no estaba pálido.

Ahora estaba rojo de rabia.

—¿Cuánto valemos? —preguntó de golpe.

Nadie respondió.

Él avanzó otro paso.