No sabía que era la mejor alumna de su clase.
No sabía cuántas noches había estudiado con sueño porque ayudaba a Daniel.
No sabía que había ganado una beca parcial el año anterior.
No sabía nada.
Y, aun así, hablaba como si llegara a salvarlos.
Catalina se dio cuenta también.
—¿Quién te dijo que no tienen futuro? —preguntó con voz helada.
Rodrigo desvió la mirada solo un segundo.
Y ese segundo bastó.
Laura lo vio.
Catalina también.
Había algo más.
Algo que todavía no habían dicho.
La abuela cruzó los brazos.
—No regresaste por amor. Regresaste por interés. ¿Qué pasó?
Rodrigo apretó la mandíbula.
Verónica lo miró, incómoda.
Bruno sacó el teléfono, aburrido otra vez.
Catalina dio un paso al frente.
—Habla.
Rodrigo soltó aire.
—Mi padre murió hace dos meses.
Catalina no reaccionó.
—¿Y?
—Dejó una herencia importante.
Ahora sí.
Ahora todo encajó con una claridad tan repentina que casi dolía.
La ropa cara.