El día en que su padre los abandonó tras el entierro de su madre, nadie sospechaba que años después regresaría… y que sería él quien no podría soportar la verdad.

Catalina soltó aquello como un cuchillo:

—Los cobardes siempre las tienen.

Verónica endureció el rostro.

—Esto ya no se trata de emociones. Se trata de legalidad. Rodrigo es el padre biológico. Y, francamente, viviendo aquí, en estas condiciones, un juez podría considerar que lo mejor para ellos es otra cosa.

Laura sintió frío.

Un frío seco, inmediato.

No por la amenaza en sí.

Sino porque entendió al instante que no habían ido a improvisar una visita.

Habían ido a presionar.

A medir la casa.

A mirar las grietas.

A usar su modestia como arma.

Rodrigo sacó entonces una carpeta.

Una carpeta azul.

Catalina la vio y entornó los ojos.

—¿Qué es eso?

—Documentos —dijo él—. Inicié un proceso para regularizar la custodia.

Daniel palideció.

Laura sintió que la sangre le golpeaba las sienes.

Catalina ni siquiera miró los papeles.

—Te atreviste.