Una viuda salvó a un hombre y a sus hijos gemelos de una tormenta… sin saber que él era el heredero de una granja.
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En la mayoría de los días de invierno, la cresta estaba vacía. No subían carretas, ni arrieros, ni viajeros perdidos; solo el viento, la nieve vieja atrapada entre las piedras y el silencio largo de las montañas. Pero aquella noche, en lo alto de la sierra, una tormenta venía cerrándose como una puerta de hierro, y tres vidas estaban a punto de quedar atrapadas en su puño helado. La única persona lo bastante cerca para salvarlas era una joven viuda llamada Alma Navarro.